jueves, 30 de julio de 2009

Aventura: 5 - La casita del Terror 4

Como pasa el tiempo, desde el 2007 no he escrito nada sobre Ptolus.


Volviendo a la carga con nuestros "héroes", teniamos a dos de ellos paseando por el jardín, y claro, como la inactividad les jode, pues hay que hacer algo para ponerle remedio.

Dado que el resto del grupo esta disfrutando de la velada, se dedican a husmear en loas escasas propiedades del mayordomo (es el sospechoso, piensan los jugadores, tiene varios trajes idénticos y en su diario aparece reflejado una vida rutinaria).
Pero esto no es suficiente, por lo que deciden introducirse en los aposentos de la anciana (¿Que porqué? ni idea, creo que ni ellos mismos lo sabían) asi que lanzan una cuerda con un garfio contra una ventana CERRADA, con lo que si, se rompen los cristales y el resto de la casa se alarma.

Tras esta chapuza, retiran la cuerda a tiempo, y afortunadamente el resto del grupo decide obviar la explicación más obvia y ocultar la participación de Nibssen y Berzelius.
Finalmente, la velada acaba sin mayores incidentes, por lo que la casa se retira a dormir.

Claro que esto no podía acabar así, y por eso Nibssen y Berzelius deciden seguir explorando la casa, y la excusa fue que habían escuchado un ruido sospechoso. En concreto escucharon al elevador que usaba la ancianita descender, a lo que parecia el sotano, lo que extraño a los jugadores, pues entonces el sotano sería más grande de lo que parecia.

Y efectivamente la ancianita estaba en el sotano, junto con su perrito guardian, que se dedicó a masticar a los jugadores mientras esta escapaba a sus habitaciones. Tras un intenso combate, resuelto gracias a los últimos recursos del grupo, se envalentonaron para enfrentarse a Lady Auralana.

Y así fue, en las habitaciones privadas se entablo la batalla final, entre los jugadores y Lady Auralana y su "hijo", el degollador de Swan Street. El combate fue rápido, pero Aurelana tenía las de perder, por lo que Peck cogio a su madre y huyó por una ventana.

Tras una breve persecución, y ante la amenaza de que se sumase la guardia, Peck, con Auralana en brazos, salto desde un puente a las rugientes aguas del King's River Gorge, perdiendose en la oscuridad... 300 pies más abajo.

Claro que los bardos tienen conjuros...

Finalmente se han detenido los truculentos asesinatos, y nuestros heroes pueden dsifrutar del reconocimiento público, acompañado de un misterioso cofre... pero eso ya es otra historia.